Comisiones Obreras - FSC Euskadi

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#25N

viernes 2 de mayo de 2014

Desacredita que algo queda

Quiero hablar sobre las oscuras intenciones que tanto el patriarcado como sobre todo, el capitalismo, tiene en intentar desacreditar, empobrecer y minar a la clase trabajadora y a las organizaciones propias que defienden los intereses de las trabajadoras y trabajadores, tanto en activo como en situación de desempleo. TERE MOLLA CASTELLS

"Es de tal vileza, de tal grado de inmadurez democrática, que duele cuando se lee, se ve o se escucha."



A la caverna mediática se le llena la boca cada vez que puede poner en tela de juicio aquellas opciones que cuestionen el capitalismo e, implícitamente, su poder dentro del mismo.

Desde hace unos años, desde que ostentan también todo el poder político, les ha dado por cuestionar la influencia de los sindicatos. Y, como muy bien saben, aplican la frase del título de esta reflexión: desacredita que algo queda.

Niegan la existencia de la clase trabajadora, con el objetivo final de cargarse las organizaciones sindicales que les siguen tocando  las narices.

Es cierto que en las organizaciones suele haber los llamados "garbanzos negros”. Pero en todas las organizaciones y no sólo en los sindicatos. Si miramos al partido que sustenta el (Des) gobierno actual, casi tendríamos que buscar con lupa los garbanzos blancos y que estoy segura que los hay.

La ferocidad desvergonzada con la que se está poniendo en tela de juicio el trabajo de tantas mujeres y hombres que desde el sindicalismo de clase siguen luchando por mejorar las condiciones laborales y sociales a las que nos han llevado dentro de esta estafa llamada crisis, no tiene parangón. Es de tal vileza, de tal grado de inmadurez democrática, que duele cuando se lee, se ve o se escucha.

El fin último es desprestigiar tanto que ni la propia gente trabajadora llegue a fiarse de quienes les representan colectivamente y, de ese modo, llegar a pactar condiciones de trabajo miserables que permitan una fácil y cómoda esclavización mayor por parte de las patronales. La mezquindad con que se está llevando a cabo esta campaña continuada y casi imperceptible de señalamiento de los errores (que lo ha habido y no los voy a negar) cometidos por parte de algunas personas que están en el mundo sindical, (pero que al reflejarlo señalan a todo el colectivo de mujeres y hombres sindicalistas), es de tal grado que roza lo ridículo.

Nadie ha mantenido en los medios de comunicación la situación de Díaz Ferrán que planteaba que había que trabajar más por menos salario mientras desvalijaba sus empresas dejando a centenares de personas en el desempleo.

Tampoco el caso del presidente de la patronal madrileña ha sido sostenida en los medios, pese a haber mantenido situaciones laborales irregulares durante años.

Estos son sólo dos ejemplos de cómo se utilizan distintas varas de medir cuando de señalar con el dedo acusador se trata.

El sindicalismo de clase, le guste o no al sistema capitalista y patriarcal actual, es más necesario que nunca.

Quizás lo errores cometidos nos enseñen a quienes militamos en estas organizaciones, que hemos de ser mucho más exigentes en determinados asuntos. Pero hemos de ser conscientes todas las personas que trabajamos y las que están en el desempleo por esta estafa llamada crisis, que son quienes defienden nuestras condiciones laborales y sociales.

Las organizaciones sindicales de clase han de ser nuestros referentes, quienes han de ostentar la voz y la fuerza colectiva que les damos como clase trabajadora. Porque insisto, seguimos siendo clase trabajadora le pese a quien le pese y su trabajo cotidiano ha de ser no sólo reconocido, también ha de ser valorado y reivindicado no sólo por la afiliación de esas organizaciones, sino por el conjunto de la clase trabajadora y empobrecida por el capitalismo que intenta devolvernos a condiciones impensables hace sólo un par de lustros.

Y no quiero acabar esta reflexión sin hacer un reconocimiento explícito a todas las mujeres sindicalistas de clase que, como siempre, se llevan la peor parte, puesto que a la lucha de clase han de sumar la de género dentro y fuera de estas organizaciones que, por provenir del mundo laboral tradicionalmente masculino, siguen teniendo criterios androcéntricos en muchos aspectos, pero que poco a poco con la luchas de las mujeres sindicalistas y el lento despertar de los compañeros de clase a la situación de desigualdades todavía existente, van incorporando la perspectiva de género tanto en el interno de las organizaciones como en su ámbito de actuación social.

A ellas, a todas ellas, tanto a mis compañeras de clase, como a mis compañeras y amigas sindicalistas de clase, mi respetos y mi admiración incondicional por todo el trabajo que realizan dentro y fuera de sus organizaciones.

Desacredita que algo queda

viernes 2 de mayo de 2014

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