Comisiones Obreras - FSC Melilla

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vamos a recuperar lo arrebatado

8 de marzo de 2011, 10:18

El techo de cristal, también en el sindicato Por: Amanda Mars

Isabel Aunión dio la campanada en 1975 al salir elegida en unas elecciones sindicales de la fábrica de Siemens de Cornellà, en el cinturón rojo de Barcelona, cuando la diferencia entre hombres y mujeres en la factoría era de cuatro a una. La Negra, como la conocían porque solía vestir de este color, luchó firmemente por abolir una categoría profesional específica para las mujeres que hacía posible una doble escala salarial entre trabajadores y trabajadoras por empleos de las mismas características. Lo he leído estos días en la biografía que la Asociación de la Memoria Histórica y Democrática de la comarca del Baix Llobregat recoge de esta sindicalista. Comisiones Obreras la ha homenajeado como figura de la lucha obrera de aquel momento.


Isabel Aunión dio la campanada en 1975 al salir elegida en unas elecciones sindicales de la fábrica de Siemens de Cornellà, en el cinturón rojo de Barcelona, cuando la diferencia entre hombres y mujeres en la factoría era de cuatro a una. La Negra, como la conocían porque solía vestir de este color, luchó firmemente por abolir una categoría profesional específica para las mujeres que hacía posible una doble escala salarial entre trabajadores y trabajadoras por empleos de las mismas características. Lo he leído estos días en la biografía que la Asociación de la Memoria Histórica y Democrática de la comarca del Baix Llobregat recoge de esta sindicalista. Comisiones Obreras la ha homenajeado como figura de la lucha obrera de aquel momento.

Si La Negra aún viviese, vería que persiste la brecha entre hombres y mujeres, aunque menor que de los años 70, y relacionada con los distintos puestos que ocupan unas y otros. Pero lo que también comprobaría es que la mujer es una rara avis en los puestos sindicales más altos.

El mundo sindical tiene bastantes cosas en común con el mundo en general. Las grandes centrales españolas, CCOO y UGT, tienen cada una 11 secretarías generales responsables de las federaciones sectoriales a nivel estatal, y el número de mujeres en esos cargos es redondo: cero. También cuentan con 19 secretarías generales autonómicas. Del total, hay una sindicalista en el caso de UGT (María Jesús Cedrún, en Cantabria) y dos en CCOO (Katiana Vicens, en Baleares, y Caridad Navarro, en Melilla), según explican los propios sindicatos.

Hay un techo de cristal (o de cemento) para las mujeres también en los sindicatos. ¿Por qué ellas no optan a las secretarías generales? Almudena Fontecha, secretaria para la Igualdad de UGT, lo atribuye en buena parte a la "alta rotación" de mujeres en los cargos intermedios. "Las mujeres llegamos a los puestos, pero no nos quedamos, muchas abandonan responsabilidad a los cuatro años, por ejemplo", explica, con lo que "no logran trayectorias sindicales largas y a una secretaría general se llega con mucha experiencia, siendo muy conocido (y reconocido) por los compañeros", que son los que le votan.

Carmen Bravo, secreta

El techo de cristal, también en el sindicato Por: Amanda Mars


Isabel Aunión dio la campanada en 1975 al salir elegida en unas elecciones sindicales de la fábrica de Siemens de Cornellà, en el cinturón rojo de Barcelona, cuando la diferencia entre hombres y mujeres en la factoría era de cuatro a una. La Negra, como la conocían porque solía vestir de este color, luchó firmemente por abolir una categoría profesional específica para las mujeres que hacía posible una doble escala salarial entre trabajadores y trabajadoras por empleos de las mismas características. Lo he leído estos días en la biografía que la Asociación de la Memoria Histórica y Democrática de la comarca del Baix Llobregat recoge de esta sindicalista. Comisiones Obreras la ha homenajeado como figura de la lucha obrera de aquel momento.

Si La Negra aún viviese, vería que persiste la brecha entre hombres y mujeres, aunque menor que de los años 70, y relacionada con los distintos puestos que ocupan unas y otros. Pero lo que también comprobaría es que la mujer es una rara avis en los puestos sindicales más altos.

El mundo sindical tiene bastantes cosas en común con el mundo en general. Las grandes centrales españolas, CCOO y UGT, tienen cada una 11 secretarías generales responsables de las federaciones sectoriales a nivel estatal, y el número de mujeres en esos cargos es redondo: cero. También cuentan con 19 secretarías generales autonómicas. Del total, hay una sindicalista en el caso de UGT (María Jesús Cedrún, en Cantabria) y dos en CCOO (Katiana Vicens, en Baleares, y Caridad Navarro, en Melilla), según explican los propios sindicatos.

Hay un techo de cristal (o de cemento) para las mujeres también en los sindicatos. ¿Por qué ellas no optan a las secretarías generales? Almudena Fontecha, secretaria para la Igualdad de UGT, lo atribuye en buena parte a la "alta rotación" de mujeres en los cargos intermedios. "Las mujeres llegamos a los puestos, pero no nos quedamos, muchas abandonan responsabilidad a los cuatro años, por ejemplo", explica, con lo que "no logran trayectorias sindicales largas y a una secretaría general se llega con mucha experiencia, siendo muy conocido (y reconocido) por los compañeros", que son los que le votan.

Carmen Bravo, secretaria confederal de la Mujer en CC OO, lo ve diferente: "La jerarquía de los sindicatos sigue siendo vertical y de carácter muy conservador", apunta muy crítica. "Hay hombres que sí llegan a las secretarías generales con trayectorias cortas... Ese no es el gran motivo, el motivo es que una mujer se va a encontrar muchas dificultades para acceder a una secretaría general y se lo piensa dos veces antes de presentarse. Muchas veces prefieren aportar desde fuera del cargo", reflexiona.

El menor peso de la mujer en las organizaciones sindicales también una razón de representantividad. Del total de los afiliados de ambas organizaciones, las mujeres quedan en ambos casos por debajo del 40%, en parte porque se emplean más en sectores de menos poder sindical. En algunos sectores, como la construcción, su participación es mínima y en otros, como enseñanza u hostelería, muy superior.

Aun así, como ocurre en empresas e instituciones, el número de nombres femeninos se multiplica cuando se baja la lupa a las comisiones ejecutivas y secretarías de sectores a nivel autonómico o uniones provinciales. Fontecha explica que UGT optó en 1998 por un "sistema de cuotas" para reforzar la presencia femenina en la organización, la mayor parte de órganos tienen hoy "una composición equilibrada" y la ejecutiva confederal es paritaria. Comisiones Obreras aporta un puñado de datos concretos: entre los 308 ejecutivas sectoriales, hay 178 hombres y 130 mujeres y de los 208 secretariados de sector, 136 hombres y 72 mujeres. Carmen Bravo también asegura que el acceso de mujeres a cargos ha sido muy fomentados desde la propia organización. Y en todo este esfuerzo han arrimado el hombro los hombres y las mujeres, pese a que la presencia de estas en algunos sectores de actividad es reducida.

Esto conduce irremediablemente al debate de la cuota o la discriminación positiva como medio para propiciar la participación femenina en cargos de responsabilidad. Gustar, no gusta. A ninguna trabajadora le apetece portar el cartel de 'ascendida en el trabajo por razones de cuota' o 'consejera de esta empresa por cuestiones de imagen'. Como dice Fontecha, "la cuota sirve para llegar, aunque no es todo, luego hay que quedarse y seguir", y defiende averiguar bien las causas de por qué la mujer no accede o -en ocasiones- renuncia a más responsabilidades a partir de cierto nivel. Una auditoría de género de su sindicato tratará de esclarecer algo de esto. Pero el mercado natural, ese libre de cuotas y competitivo (el que teóricamente elige al mejor independientemente de su sexo) parece no hallar nunca a mujeres válidas (echen un vistazo a la cúpula de las empresas españolas).

En la escasez de mujeres en centros de poder no tiene por qué haber un machismo deliberado, muchas veces se debe a inercias o a círculos viciososos (pocas mujeres en la base, en ciertos sectores, pocas empresarias...), pero el resultado es el mismo.

Así que, en fin, bienvenidas propuestas.

El techo de cristal, también en el sindicato Por: Amanda Mars

8 de marzo de 2011, 10:18

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