Comisiones Obreras - FSC Navarra

lunes 5 de agosto de 2019

Albert Antón, agente medioambiental desde 2010, es miembro de CCOO y representante sindical en la Junta de Personal de la AGE en Navarra

Reflexión sobre el sentido y utilidad de la profesión de los Agentes Medioambientales en las Confederaciones Hidrográficas (Servicio de Vigilancia del Dominio Público Hidráulico, CHE)

El servicio de la vigilancia del DPH, según lo entiendo yo, consiste en ejercer funciones de control y de respuesta en el ámbito del DPH y la Zona de Policía de los cauces de los ríos, arroyos o barrancos. Y también en el de las aguas subterráneas y aguas de transición, etc.

El control significa observar, con los medios disponibles, aquellos hechos o circunstancias que pueden tener como resultado un daño o un peligro en el dominio público (DP).

La respuesta significa actuar, también con los medios disponibles, para evitar el daño o el peligro en el DP. Si eso ya no es posible (me refiero a evitar el daño), entonces, la respuesta significa actuar para evitar que el daño sea todavía mayor.

El desempeño de las funciones de control y el de las funciones de respuesta obliga, siempre, a recabar toda la información precisa para garantizar que se puedan exigir las responsabilidades que correspondan: las derivadas de una sanción administrativa o penal, las de la obligación de indemnizar por los daños, y las de restitución del medio a su estado original (sin daño).

Así, queda claro cuál es el sentido de nuestra profesión: evitar el daño al DP, o evitar que este sea todavía mayor. Y, en su caso, servir la información precisa para perseguir a su responsable.

El problema es cómo convertir el sentido de nuestra profesión en utilidad para la organización, para lo cual sugiero lo siguiente:

1. En cada zona de trabajo y de acuerdo con los criterios generales establecidos por la organización (por el momento esto no se ha hecho) habrá que precisar el concepto de daño o peligro en el DP.

Es preciso uniformizar la práctica de nuestra profesión, es decir: ponernos todos de acuerdo en fijar que el objetivo de nuestro trabajo es evitar el daño o peligro al DP, de acuerdo a esos criterios generales (se insiste, por definir) y con los medios que se pongan a nuestra disposición.

2. En cada zona de trabajo y de acuerdo con unos protocolos de actuación (por el momento estos no se han hecho) habrá que definir las tareas concretas relativas al desempeño de la función de control y a la función de respuesta.

Es preciso garantizar un tratamiento común a todos los administrados, usuarios y resto de interesados en el resultado de nuestro trabajo.

Debe ser una condición de la práctica del servicio la consecución de unos resultados comparables. O lo que es lo mismo, la falta de los resultados esperables no puede ser debida a una supuesta insuficiencia de medios materiales, organizativos, retributivos o de cualquier otra clase. Eso solo conduce a la autocomplacencia en la dejación de funciones y, en último término, al abandono de la profesión (ya sea formalmente declarada, o bien interiormente asumida por vía de la resignación en la incompetencia).

3. Es preciso garantizar a todos los integrantes del Servicio iguales condiciones de trabajo.

Cuando esto no sea posible, por las deficientes condiciones de los locales destinados a oficina, falta de vehículos 4x4 disponibles, condiciones de aislamiento y de mayor peligrosidad, o falta de plantilla suficiente en cada sector, la organización habrá de indemnizar la especial dificultad que comporta el desempeño eficaz del puesto de trabajo.

4. Es preciso el pago del complemento de productividad y la equiparación del nivel 18 por razón de la antigüedad. Y la creación de puestos de coordinación funcional: en materia de prevención de riesgos, de dirección operativa, de gestión de medios materiales o vehículos.
 
Esto último significa desarrollar el derecho a la carrera profesional en la Escala de Agentes Medioambientales, mediante la creación de puestos de mayor responsabilidad o dificultad.

Es decir, es preciso diseñar y provisionar puestos encuadrables en niveles equivalentes a los de todo el grupo A2, atendiendo a la necesidad de un mayor grado de formación que el actualmente exigible para el acceso a la Escala de Agentes Medioambientales (grupo C1).

5. Hay que acabar con el sistema transaccional del "tú me das yo te doy", en el Servicio.

Esta no es la forma correcta de incentivar el correcto desempeño del puesto de trabajo. Además de generar situaciones que discriminan a quienes buscan formas colectivas de reivindicar el ejercicio de nuestros derechos, genera inseguridad, falta de confianza y hasta rechazo a la organización por las posibles represalias en forma de expedientes disciplinarios o traslados forzosos.

Con frecuencia, además, ese estilo de liderazgo provoca la propia desautorización de quienes ocupan el puesto de jefatura, incapaces de acabar con la indisciplina o desidia de aquellos trabajadores favorecidos por el "tú me das yo te doy".

6. Necesitamos, además de todo lo anterior, lo que es más importante: el reconocimiento de nuestra profesión y el amparo de quienes, de verdad, ostentan la autoridad en la organización.

Esto último significa que, a pesar de la precariedad de medios y de la falta de incentivos, tengamos la certeza que siempre nos respaldarán personas reconocidas en nuestro ámbito profesional, ya sea en una comisaría de policía donde pidamos un atestado por amenazas, en un ayuntamiento hostil hacia la CHE (o hacia el Estado), o con un particular que se crea con derecho a ejercer la fuerza (verbal o física) contra nuestra persona, vehículo oficial, o nuestro domicilio.

CONCLUSIÓN

Otras condiciones profesionales y personales son posibles lograr en el Servicio de Vigilancia del Dominio Público Hidráulico de la CHE. La forma de empezar a conseguirlo es, muy resumidamente, a través de un correcto sistema de incentivos para el trabajo eficaz. Lo contrario conduce a reproducir los mismos defectos del pasado, pero, ahora, en un escenario social e institucional en el que aumentan las demandas de resultados a nuestra organización. Ya no nos dedicamos a levantar presas, pero en cambio, ahora, concurren en el medio ambiente competencias, intereses y responsabilidades de todo tipo. Un buen Servicio de Vigilancia del DPH será aquel que se anticipe a las situaciones de daño o de peligro para la comunidad en el que esté implantado, pagado con fondos públicos. En esto último, en la capacidad de anticipación, se juega el prestigio de quienes ocupan los diferentes puestos de responsabilidad, pero también, la imagen que trasladamos de la organización a toda la sociedad.

Reflexión sobre el sentido y utilidad de la profesión de los Agentes Medioambientales en las Confederaciones Hidrográficas (Servicio de Vigilancia del Dominio Público Hidráulico, CHE)

lunes 5 de agosto de 2019

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